El liderazgo en el voluntariado no se mide únicamente por la capacidad de organizar o coordinar actividades, sino también por la habilidad de generar espacios de reflexión que impulsen el compromiso y el crecimiento personal. En esta línea, Miguel Sánchez, alumno de Talante Solidario y Técnico de Proyectos Sociales en la Fundación FADE, ha destacado em un ejercicio centrado en la competencia de Liderazgo de Servicio, en el que tenía que plantear “cinco preguntas mágicas”.
A través de este trabajo, Miguel planteó cinco situaciones habituales en el día a día del voluntariado en las que resulta clave detenerse y reflexionar. Su propuesta partió de identificar estos momentos y acompañarlos de preguntas que no juzgan ni imponen, sino que abren espacios de diálogo y comprensión.
En primer lugar, abordó las situaciones en las que una persona voluntaria llega tarde de forma repetida o muestra poca implicación. Frente a una posible reacción correctiva, Miguel propuso una mirada más comprensiva a través de la pregunta: “¿Qué necesitas ahora mismo para poder estar aquí con más tranquilidad?”. Con ello, invita a poner el foco en la persona y sus circunstancias, favoreciendo una implicación más consciente.
En segundo lugar, planteó el caso de ausencias sin previo aviso o de desconexión progresiva del grupo. En este contexto, sugirió preguntar: “¿Cómo podemos acompañarnos mejor para que nadie sienta que tiene que desaparecer solo?”. Esta cuestión desplaza la responsabilidad del individuo al conjunto, reforzando la idea de comunidad y cuidado mutuo.
Cuando una actividad no sale como se esperaba, Miguel propuso aprovechar el momento como oportunidad de aprendizaje. La pregunta “¿Qué podemos aprender de que esta situación no haya salido como esperabas?” permite transformar la frustración en reflexión constructiva, evitando caer en la desmotivación.
Por otro lado, también puso en valor los momentos positivos. Cuando una actividad sale especialmente bien, invita a no pasar por alto el éxito y a consolidar buenas prácticas mediante la pregunta: “¿Qué tenemos claro que ha funcionado para no tocarlo ni cambiarlo?”. De esta forma, se refuerzan los aciertos y se favorece la mejora continua.
Por último, ante conflictos, malestar o diferencias de opinión dentro del grupo, Miguel planteó una cuestión que va más allá de la superficie: “¿Qué hay detrás de lo que estamos sintiendo y cómo podemos solucionarlo?”. Esta pregunta fomenta la escucha profunda y la búsqueda conjunta de soluciones, claves para un liderazgo basado en el servicio.
Este ejercicio pone de relieve cómo el liderazgo en el voluntariado puede ejercerse desde la escucha, la empatía y la reflexión compartida. Las preguntas, bien formuladas, se convierten en herramientas que no solo resuelven situaciones, sino que fortalecen al grupo y promueven un compromiso más auténtico.
Desde Talante Solidario se valora especialmente este tipo de aprendizajes, que ayudan a construir un voluntariado más consciente, humano y transformador, donde liderar significa acompañar y hacer crecer a los demás.
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Esta actividad es posible gracias al Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.

