El voluntariado no solo consiste en cumplir correctamente con unas funciones asignadas, sino también en la capacidad de asumirlas con responsabilidad y compromiso, aportando un valor añadido a través de pequeñas actitudes y gestos que fortalecen al equipo y mejoran la experiencia de todas las personas implicadas. En esta línea, Silvia Zafra, alumna de la Universidad de Murcia (UMU) y alumna de Talante Solidario, ha desarrollado un ejercicio centrado en la competencia de Responsabilidad y Compromiso, en el que propone enriquecer las tareas diarias mediante lo que denomina un “menú de actitudes y micro-comportamientos”.
A través de esta propuesta, Silvia plantea que el voluntariado puede ir más allá del cumplimiento de responsabilidades, incorporando un “toque especial” basado en la empatía, el buen humor y la implicación personal. Su reflexión parte de su propia experiencia como estudiante de enfermería y jugadora de baloncesto, dos ámbitos donde el trabajo en equipo y el cuidado de las personas son fundamentales.
En primer lugar, destaca la importancia de las actitudes base que sostienen cualquier acción de voluntariado. Entre ellas, subraya la empatía y la escucha activa como pilares esenciales para comprender las necesidades de los demás. A esto suma una buena disposición hacia el trabajo en equipo, así como una actitud positiva reflejada en la sonrisa y el buen humor, siempre desde el respeto.
En segundo lugar, Silvia pone el foco en aquellos micro-comportamientos que reflejan un compromiso activo con el equipo y con la tarea. Así, propone acciones como ofrecer ayuda sin necesidad de que se solicite, interesarse por si alguien necesita algo más antes de dar por finalizada una tarea, o mantener la calma en momentos de tensión para apoyar al grupo. También resalta la importancia de adaptarse a las necesidades de cada persona, entendiendo que la responsabilidad implica responder de manera flexible a cada situación.
Por otro lado, su propuesta incluye pequeños detalles que refuerzan el compromiso en el día a día. Entre ellos, menciona el hecho de animar y agradecer a los compañeros, mantener una buena organización y puntualidad para facilitar el trabajo colectivo, y cuidar un trato cercano y respetuoso en todo momento.
Finalmente, Silvia aporta su “toque personal”, donde integra su vocación sanitaria con su experiencia deportiva. Desde esta perspectiva, explica que intenta cuidar a las personas como futura enfermera, al mismo tiempo que motiva al equipo como en el baloncesto: con energía positiva, compañerismo y disposición para ayudar siempre que sea necesario, incluso más allá de sus propias tareas.
Este ejercicio pone de manifiesto cómo la responsabilidad y el compromiso en el voluntariado no se limitan al cumplimiento de funciones, sino que se construyen a través de pequeñas acciones cotidianas que marcan la diferencia. Las propuestas de Silvia reflejan una forma de implicarse más consciente, cercana y transformadora.
Desde Talante Solidario se valora especialmente este tipo de aprendizajes, que ayudan a construir un voluntariado más comprometido, humano y orientado al cuidado de las personas, donde cada acción cuenta.
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Esta actividad es posible gracias al Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.

