La empatía es una competencia esencial en cualquier experiencia de voluntariado, especialmente cuando acompañamos a personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Pero, ¿cómo podemos entrenarla y llevarla a la práctica en nuestra relación con los demás? Raquel Cózar Murillo, voluntaria en FADE, nos propone tres preguntas para reflexionar sobre cómo acercarnos a las personas desde el respeto, la comprensión y una ayuda verdaderamente centrada en sus necesidades.
Este ejercicio de entrenamiento parte de preguntas que van más allá de las habituales invitaciones a ponerse en el lugar del otro. Sus planteamientos incorporan matices muy vinculados a la realidad del voluntariado en la relación de ayuda y nos invitan a revisar nuestras propias actitudes, prejuicios y formas de acompañar.
La primera pregunta es: «¿Cómo me sentiría si fuera yo quien me encontrase en esa situación de vulnerabilidad y quien se acerca a mí lo hace con indiferencia y frialdad?». Raquel nos recuerda así que el tiempo o las prisas no deberían convertirse en un obstáculo para ofrecer un trato cercano. Ponerse en el lugar de la otra persona implica acercarse de manera real, con dignidad y respeto, teniendo presente cómo puede sentirse quien recibe nuestra ayuda.
La segunda cuestión nos invita a pensar: «Si esta persona pudiera elegir cómo quiere ser atendida o acompañada hoy, ¿qué me pediría que hiciera y, por consiguiente, qué me pediría que no hiciera o evitara?». Esta reflexión ayuda a dejar a un lado los prejuicios y a no dar por hecho qué necesita la otra persona. En lugar de actuar desde nuestras propias suposiciones, nos anima a escuchar, observar y comprender cómo quiere ser acompañada. Porque ayudar de verdad también significa respetar sus preferencias y su manera de vivir la situación.
La tercera pregunta propone mirar más allá de las dificultades: «¿Qué es capaz de hacer esta persona y que, por estar excesivamente centrada en su problema, no termino de ver?». Esta perspectiva nos invita a reconocer las capacidades y fortalezas de quienes acompañamos. A veces, centrarnos únicamente en el problema puede impedirnos descubrir todo lo que una persona puede intentar, aprender o conseguir. Animarla a reconocer sus propias posibilidades puede favorecer su autonomía, reforzar su seguridad y ayudarla a afrontar nuevos retos con optimismo.
Las tres preguntas comparten una idea fundamental: la empatía no consiste solo en comprender el sufrimiento de otra persona, sino también en respetar sus decisiones, reconocer sus capacidades y acompañarla sin imponer nuestra propia visión. Una mirada empática permite ofrecer una ayuda más humana, consciente y ajustada a las necesidades reales de cada persona.
Con este ejercicio, Raquel Cózar Murillo nos recuerda que la calidad del voluntariado no depende únicamente de lo que hacemos, sino también de cómo miramos, escuchamos y tratamos a quienes tenemos delante. Dedicar unos instantes a hacernos las preguntas adecuadas puede transformar nuestra forma de acompañar.
Desde Talante Solidario trabajamos para que las personas voluntarias puedan identificar y entrenar competencias soft skills que mejoren su experiencia y la calidad de su intervención. Porque la empatía se aprende y se fortalece cuando convertimos la reflexión en pequeños gestos cotidianos.
¿Quieres sumarte al equipo de entidades que están entrenando competencias soft skills con nosotros? Contáctanos a info@talantesolidario.org o al teléfono 868 940 204 / 673 029 399.
Esta actividad es posible gracias al Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.

