Por César García-Rincón de Castro
Responsable Académico Talante Solidario
La “Estética del Cuidado”, de Yuriko Saito, filósofa japonesa, fusiona la estética y la ética en el escenario de la vida cotidiana, planteando que el cuidado no es solo un deber moral abstracto, sino una práctica fundamentalmente sensible. Por ello, Yuriko Saito ha argumentado que la experiencia estética forma parte de la vida cotidiana y está vinculada a la manera en que las personas interactúan con su entorno y toman decisiones en su día a día. Su enfoque pone en relación la estética con dimensiones éticas y sociales: no sólo de trata de hacer lo correcto y lo bueno, sino también de hacerlo con belleza, en el sentido amplio y estético del término.
Para Saito, la estética va mucho más allá de la contemplación pasiva de obras de arte en un museo; se activa en el cómo realizamos nuestras acciones diarias. Gestos cotidianos como preparar un alimento, mantener un espacio o acompañar a alguien vulnerable adquieren un valor estético profundo cuando se ejecutan con delicadeza, atención a los detalles y respeto absoluto por la singularidad de la persona o del objeto. Así, esta perspectiva nos invita a convertirnos en creadores activos de armonía a través de una coreografía corporal amable y una escucha atenta, transformando las rutinas ordinarias en actos de reciprocidad que honran la fragilidad y responden con empatía a las necesidades del mundo que nos rodea.
Leyendo el libro “Estética del Cuidado: la práctica en la vida cotidiana” (Ed. Herder, 2026), podréis percibir que las competencias y habilidades interpersonales que solemos promover y educar en los procesos formativos del voluntariado contribuyen, y mucho, a esa estética del cuidado que nos propone la filósofa Yuriko Saito. Una dimensión, complementaria de la ética, hasta ahora poco contemplada en el voluntariado. Porque el voluntariado es, por definición, una práctica de la ética y estética del cuidado. Aplicar la mirada de Yuriko Saito al voluntariado transforma una mera labor de asistencia-ayuda en un arte de la solidaridad humana.
Veamos entonces 10 claves prácticas que se desvelan a la luz de la estética del cuidado de Yuriko Saito en el voluntariado como espacio social organizado (institucionalizado) del ejercicio de la solidaridad y los cuidados por parte de la ciudadanía.
1. Cuida la coreografía de tus movimientos.
Para Saito, el cuerpo comunica antes que las palabras. Un movimiento brusco, mirar el reloj constantemente o invadir el espacio personal de forma acelerada rompe la confianza. Mueve las manos con suavidad, ajusta tu altura física a la de la persona (por ejemplo, agáchate si está en una silla de ruedas) y mantén un tono de voz que transmita calma. El cuidado entra por los sentidos.
2. Practica la escucha de lo singular, evitando las recetas genéricas.
La estética se fija en el detalle único, no en las generalizaciones. Cada persona a la que acompañas tiene una historia, unas texturas emocionales y unas preferencias irrepetibles. Evita el piloto automático de tratar igual a todas las personas vulnerables (mayores, infancia, discapacitados, refugiados, etc.). Descubre qué le gusta comer a “esta” persona, qué palabras prefiere evitar o qué música le calma. Cuidar estéticamente es sintonizar con su singularidad.
3. Diseña el entorno inmediato como un acto de respeto.
Saito insiste en que los espacios nos hablan. Un entorno desordenado, frío o ruidoso genera hostilidad y desamparo. Cuando llegues a acompañar a alguien, fíjate en su micro-entorno. ¿La luz de la ventana le da en los ojos? ¿Hay un vaso de agua a su alcance? Pequeños gestos como acomodar una almohada o apartar un objeto molesto son actos de diseño compasivo.
4. Reivindica el valor de lo invisible y lo cotidiano.
En nuestra cultura (occidental) solemos premiar los grandes logros heroicos. Saito, en cambio, rescata la belleza de lo ordinario. El éxito de tu labor solidaria no se mide en hitos espectaculares, sino en la belleza invisible de una tarde tranquila, un paseo al sol o haber compartido un silencio cómodo. Lo cotidiano es el escenario principal del cuidado.
5. Abraza la vulnerabilidad con “funcionalismo simpatético”.
Esta idea de Saito invita a ponernos en el lugar del otro no solo intelectualmente, sino sensiblemente, entendiendo cómo el mundo físico puede volverse hostil para un cuerpo vulnerable. Anticipa las dificultades táctiles o espaciales de la persona. Si le cuesta abrir un envase, sostenlo con delicadeza; si le cuesta caminar, adapta tu ritmo de forma natural, sin que sienta que es una carga.
6. Convierte las tareas instrumentales en rituales afectivos.
Preparar una comida, ayudar a vestir a alguien o limpiar un espacio común pueden ser tareas mecánicas o pueden ser poemas en acción. Si tu labor incluye tareas físicas, hazlas con la atención de un artesano. La forma en que doblas una manta o sirves un plato de comida demuestra a la persona que su dignidad es prioritaria para ti.
7. Evita la arrogancia del cuidador.
A veces, el deseo de ayudar nos lleva a imponer lo que “nosotros” creemos que es mejor, anulando la agencia de la persona cuidada. Saito valora la humildad estética: dejar que el otro sea. No decidas por ellos si no es estrictamente necesario. Pregunta antes de actuar:¿Prefieres la ventana abierta o cerrada?, ¿Te apetece hablar o prefieres que leamos?. El cuidado estético respeta la autonomía del otro.
8. Encuentra belleza en la imperfección y el deterioro.
Inspirada en la estética japonesa tradicional, Saito nos enseña a apreciar las marcas del tiempo y la fragilidad, en lugar de buscar una perfección estéril. Trabajar con la enfermedad, la vejez o la exclusión nos enfrenta a realidades duras. Aprender a ver la belleza en una mano arrugada, en una sonrisa desdentada o en la resiliencia de una mirada cansada cambia por completo tu experiencia y la de ellos.
9. Practica la reciprocidad sensible.
El voluntariado no es una vía de un solo sentido donde tú das y el otro recibe. Los objetos y las personas nos cuidan de vuelta si sabemos percibirlos. Déjate cuidar y conmover por la persona a la que asistes. Nota cómo su agradecimiento, su sabiduría o su simple compañía enriquecen tu propia vida. El cuidado estético es un flujo circular.
10. Cultiva la auto-narrativa de tu propio bienestar (el cuidado del cuidador).
Saito nos recuerda que no podemos proyectar armonía y cuidado hacia fuera si por dentro somos un caos de agotamiento y frustración. Tu propio bienestar físico y emocional es la infraestructura de tu voluntariado. Descansar, poner límites y procesar tus emociones no es egoísmo; es mantener el instrumento del cuidado (tú mismo) en condiciones óptimas para poder seguir ofreciendo una presencia armoniosa.
¿Quieres sumarte al equipo de entidades que están entrenando competencias soft skills con nosotros? Contáctanos a info@talantesolidario.org o en los teléfonos 868 940 204 / 673 029 399.
Esta actividad es posible gracias al Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.

