La responsabilidad y el compromiso en el voluntariado no siempre se encuentran en grandes acciones. En muchas ocasiones, son los pequeños gestos que surgen más allá de las tareas asignadas los que consiguen marcar una verdadera diferencia en la experiencia de las personas a las que acompañamos. Con esta idea como punto de partida, Ángela García Fenor, alumna de la Universidad de Murcia (UMU) y participante de Talante Solidario, ha desarrollado un ejercicio centrado en la competencia de Responsabilidad y Compromiso, en el que propone transformar una tarea cotidiana en una oportunidad para cuidar, acompañar y dignificar.
Bajo el sugerente título «Sé que existo si me nombras tú», extraído de la canción «Si me nombras», con letra del poeta Juan Mari Montes y música del compositor Nando González, Ángela reflexiona sobre su experiencia en el almacén de ADRA. Su función principal consiste en preparar cajas de alimentos y entregarlas a las personas usuarias, pero su propuesta invita a ir un paso más allá: convertir una tarea aparentemente rutinaria en un espacio de humanidad y cercanía.
Para ello, Ángela construye un particular «menú» compuesto por cuatro platos, cada uno de ellos representa un pequeño gesto que puede incorporarse al trabajo cotidiano sin necesidad de grandes recursos ni de invertir demasiado tiempo.
El entrante consiste en cambiar la forma de recibir a las personas. Frente al habitual “¡siguiente!” desde el mostrador, Ángela propone salir un momento a la puerta, buscar a la persona con la mirada, llamarla por su nombre y darle los buenos días con una sonrisa. Un gesto muy sencillo que, según explica, permite romper el hielo desde el primer momento y evitar que quien acude a recibir ayuda se sienta como un número más.
El primer plato aparece cuando una madre llega acompañada de sus hijos. En lugar de limitarse a preparar las bolsas y completar el papeleo, Ángela plantea detenerse un momento para buscar unas galletas o unos zumos para los niños. Ese pequeño detalle puede proporcionar a la madre unos minutos de tranquilidad para poder realizar los trámites con mayor calma. La acción no forma parte estrictamente de su tarea, pero responde a una necesidad concreta que surge durante la intervención.
El segundo plato propone salir del propio puesto para ayudar físicamente a quienes lo necesitan. Si una persona mayor o con dificultades tiene problemas para transportar las bolsas, Ángela plantea acercarse, coger los paquetes más pesados y acompañarla hasta su carrito de la compra o hasta la puerta del local. Aunque esta tarea no corresponda directamente a su función, el esfuerzo adicional puede cambiar por completo la experiencia de la persona atendida.
Por último, llega el postre, relacionado con algo tan sencillo como recordar. Para Ángela, la atención no tiene por qué terminar en el momento en que se entrega la comida. Si una persona usuaria habitual había comentado que estaba buscando trabajo, preguntarle por una entrevista o interesarse por cómo le ha ido demuestra que detrás de cada entrega existe una persona con una historia, unas preocupaciones y unas expectativas.
El «menú enriquecido» de Ángela nos recuerda así que el voluntariado puede ser mucho más que cumplir una tarea. Puede convertir un espacio destinado a entregar alimentos en un lugar donde también se entrega atención, dignidad, reconocimiento y apoyo.
Desde Talante Solidario se valora especialmente este tipo de ejercicios, capaces de transformar una tarea cotidiana en una oportunidad para desarrollar competencias personales y sociales.
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Esta actividad es posible gracias al Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.

